6/10/08

MI PADRE O EL PERDON

Para mis hermanos.
Para Tony, de Generación Asere.


José Roberto Gude
1915-2008




Sólo tres pequeñas coronas a ambos lados del sarcófago expresando duelo; una de ellas, de las compañeras de trabajo de una de sus hijas, por ende, compasión por su duelo.
Cuando los hijos presentes, de un primer y segundo matrimonio, tratamos arduamente de apelar a un recuerdo positivo, sólo nosotros, los del primer enlace, pudimos recordarlo caminando de cabeza sobre las manos en la arena de la playa del Casino Español.


Con mi hermana y conmigo. Yo soy la mas chica.


Con nosotros tres.

Mi padre, consumido, pero hinchado a ambos lados de las mandíbulas por el líquido de embalsamar, se veía casi diminuto en el sarcófago. Nunca había sido muy alto –apenas como yo, sin tacones- pero ahora parecía haberse reducido, y no por la contracción propia de la edad, sino por los asaltos que había sufrido su cuerpo los últimos 2-3 meses.
La vida quiso que, en el tramo final, él, que siempre quiso controlar todo y a todos, hubiese quedase a merced de los demás, prácticamente paralizado por su segunda embolia.
Me dio pena ver cómo se agitaba de alegría cuando lo iba a visitar, sobre todo porque yo, no sólo no lo quería, sino que había empleado 22 años de mi vida en olvidarlo.

Cuando regresé a Cuba, tras 15 años de ausencia y sin ningún contacto con él, lo único que mi hermano me pidió fue ir a verlo. No tenía nada en contra –como tampoco nada a favor- así que, ¿por qué no complacerlo?
Olvidar la violencia de mi hogar había requerido borrar hasta de mi subconsciente la casa de la infancia, el mundo de mi infancia, todo aquello que asociamos con el lugar donde crecimos, que es como decir La Patria.
Yo no tengo memorias de la infancia que quiera recordar. Cuando alguien habla de ciertas esquinas y rincones habaneros, yo no me acuerdo; de ciertas costumbres, ciertos personajes, lugares, yo no me acuerdo. ¿Cómo acordarme si los primeros 14 años de mi vida me los pasé encerrada en una asfixiante campana de cristal donde las únicas constantes eran la violencia, el abuso y el horror? Eran mis padres tratando de cortarse mutuamente la cabeza; era la policía al menos una vez al mes en mi casa; eran mi padre y mi madre abandonándonos alternativamente, era el rencor contra mi madre lanzado contra mí, que era su absoluta partidaria y mi padre encontrando cualquier pretexto para golpearme aprovechando las ausencias de mi madre.

Esa patria dulce de la infancia, esa Cuba mítica de la que hablan mis contemporáneos no tiene sentido para mí.
Lo que tiene sentido es la melancolía de los botes de los pescadores surcando suavemente las aguas de la bahía de La Habana al atardecer, la arena de la playa levantada por la ventisca en los morosos atardeceres del verano, las aceras rotas por los grandes árboles de las calles del Vedado entre cuyas raíces, bañadas por una luz amarilla mortecina, corren y brincan enloquecidas las cucarachas. Y sobre todo la luz. Persisten en mí la presencia de la luz y, por supuesto el ritmo, que de anécdotas estoy desprovista.

La bahia de La Habana al atardecer.




Foto de Sharif-El- Hamalawi.
Texto de José Ignacio Larcada de su libro inédito “Doce ventanas y un espejo”.

Por eso cuando mi hermano me pidió que fuésemos a ver a mi padre, después de 15 años, no me importó, ni para bien ni para mal. Como quiera que toda memoria que tenía de él estaba marcada por el odio y el miedo, me sorprendió ver grandes retratos de nosotros, sus tres hijos del primer matrimonio, colgados de las paredes de la sala de su segundo hogar, carentes de otros similares de sus hijas posteriores. Más me sorprendió aun cuando, a mitad de la visita, desapareció en el interior de la casa para aparecer de nuevo con una gran caja rectangular, profunda. Me la puso delante, como si se tratara del tesoro que se hubiera guardado durante años para la ofrenda ante al altar y me dijo, quitándole la tapa: “Escoge las que quieras y llévatelas”. Se trataba de las fotos familiares, intactas, en tan buen estado como probablemente el primer día., aunque, por supuesto, con la figura de mi madre dolorosamente ausente.
Hasta hoy son todas las fotos de familia que tenemos mis hermanos y yo.

Con los años también mi padre y su segunda familia llegaron a Miami y, al principio, hasta le visité algunas veces. Con el tiempo, la naturaleza de su segunda familia nos hizo distanciarnos de nuevo.
Me alejé todavía más cuando mi madre murió, en circunstancias bastante dolorosas. Irracionalmente, resentí que se hubiera muerto ella y no él y dejé hasta de responder a sus llamadas telefónicas.
Durante años me llamaba casi religiosamente una vez al mes, en mi cumpleaños y en Navidades y sólo me decía: “M´ija, soy yo, tu padre. Te llamaba para saludarte”. Supongo que era su forma de pedir perdón. Yo hubiera preferido que, en efecto, me lo pidiese, que hubiésemos conversado, pero era un hombre de una generación que no hablaba y que sólo se comunicaba a gritos y con golpes, como su propio padre, un gallego del que dicen le tiraba el plato de sopa a su mujer a lo largo de la casa si no la encontraba suficientemente caliente.


Sus llamadas finalmente cumplieron su cometido: 1-2 años antes de morir fui yo la que organizó un almuerzo al que le invitamos nosotros, los hijos del primer matrimonio. Muy pequeño y cojo de una pierna (había sufrido su primera embolia), le temblaba imperceptiblemente el labio cuando aparecí en la puerta de su casa y casi rompe en llanto cuando finalmente vio a mi hermano.



Mis hermanos y yo con mi padre en el almuerzo del 2006.

Paradójicamente yo fui una de las personas designadas por él para tomar decisiones sobre su salud, por eso cuando le dio la segunda embolia fue a mi a quien llamaron. Muy pronto me di cuenta de que esta vez no se iba a recuperar y le visitaba en el asilo de rehabilitación por pura compasión humana, porque me daba cuenta de la alegría que le daba y porque casi nadie le visitaba.
En una ocasión le rasqué la barba y él, estirando el cuello me dijo, balbuceando, de forma casi ininteligible: “Así me hacías cuando eras chiquitica”.
Me dio pena pensar que me había querido, que hubiese deseado que yo le hubiese querido también, pero había hecho tan mal las cosas que yo no le podía responder. Es más, nadie le podía responder. Tras de sí había dejado una estela de abusos de los que ni siquiera era consciente y que nunca había podido controlar.
Aunque era evidente que todos sus hijos habíamos sido sus víctimas, quizás él también había sido víctima, ¡quién sabe!, de los designios del destino...
A veces tengo la sensación de que todos nacemos con una misión, unos somos víctimas y otros victimarios, unos oprimidos y otros opresores, todos con un papel en un drama del que no tenemos una visión de conjunto.
Yo alcancé a decirle que le perdonaba.


Para acompañarlo a su última morada sólo sus dos hijas segundas, una nieta, las dos hijas de una sobrina y yo estábamos presente. De la funeraria partió la carroza con el ataúd y con sólo tres coches detrás. Yo me despedí a la altura de Kendall y el cuerpo de mi padre siguió su último viaje hacia el cementerio del sur con la compañía de sólo cinco personas.
Tan poco había dejado en el mundo.
Me dio pena el desperdicio de una vida, el desperdicio del amor, y todos los cadáveres que había dejado en el camino.




Roberto Gude y Benito Díaz construyeron el primer avión hecho en Cuba, en realidad una avioneta a la que dieron el nombre “La Estrella Errante” en 1937. La misma está en el Museo de Aviación de La Habana.

8 comments:

Belkis Cuza-Malé said...

Muy conmovedor, Vivian.

Admiro el valor que tienes de escribir sobre él, sin rencor, sin odio. Y gracias a Dios que pudiste en esos últimos años compadecerte de esa víctima que también de seguro fue.

Un abrazo y bendiciones,

Belkis

Anonymous said...

Yo crei estar en conocimiento de algunas cosas que tu padre, mi tio por parte de mi mama, habia hecho con uds. 3 pero, jamas pense, ni supe de las golpizas y de los malos tratos. Recuerdo que hubo un tiempo, que vivieron con nosotros enla calle Lugareno #213, casi esquina a Rancho Boyeros y que tu mama se habia marchado para New York y tu papa, habia ido a buscarla. No es secreto para nadie, que yo nunca fui muy amistoso con el, aunque no dejo de reconocer, que Roberto, nunca dehaba de llamaar a mama todas las mananas aunque tuviera que hacerlo, por ordenes de la comandancia, en el speaker phone. Es verdad, da lastima y mucha. Un hombre super dotado de conocimientos, ingeniero, contador publico, profesor de mecanica y de matematicas. Que lastima! Obviamente, mi madre no sabe nada y prefiero que sea asi. ya va a cumplir 91 anos y no soportaria el duro golpe de saber que Roberto, ya fue llamado. Todo hay que perdonarlo, remcores, no conducen a mas nada, que mas dolor. Yo, desde su muerte, lo inclui en todas mu diarias oraciones, tanto al despertar, como al acostarme. Es todo lo que puedo hacer por el, por mi padre y por todos los miembros de nuestra familias. Siempre doy gracias a Dios por todo, lo bueno y lo malo, pues lo malo hubiese sido peor sin su supervision y ayuda. Papa cumpkira el 24 del corriente, 13 anos de haber fallecido y parece que fue ayer. Creeme, que entiendo tu dolor y se que debes de estar en paz contigo misma, pues aunque el nunca pidio perdon, su castigo lo vivio en esta tierra con las experiencias tan tristes que tuvo que vivir aqui. Ninca dejes de rezar para que Dios tenga misericordia de el y todos aquellos que ya partieron y significaron algo en tu vida. Quien puede decirte, que el, tu padre, no vivio en un verdadero infierno dentro de si mismo. Las posibilidades son muchas y tu lo sabes bien.
Te quiere,
Tu primo Jorge.
Lo que hicistes esta bellisimo!

Eufrates del Valle said...

Querida Vivian, con tantos avatares que he tenido en estos dias, ahora es que entro a leerte y me encuentro con esta noticia. Como dice Belkis, muy conmovedor tu texto, y muy valiente de tu parte.

Hemos hablado un par de veces en estos dias, y no me habias dicho nada!!!!!! Te llamo cuando llegue a casa. Un abrazo, fuerte...

Aguaya Berlín said...

Querida Vivian, no es hasta ahora que leo esto que has escrito... muy conmovedor, digo también. Y me puso triste, me puso triste imaginarme cómo fueron tus experiencias, lo que llegaste a sufrir, lo que nos has contado y lo que no...
Un abrazo.

Teresa Dovalpage said...

Hola Vivian:
En mis primeras andanzas por la blogosfera cubana, tu post me ha hecho llorar. Aunque por distintos motivos, yo tampoco tengo buenos recuerdos de mi infancia y adolescencia, así que me identifiqué muchísimo contigo. Qué bueno que alcanzaste a perdonarlo.
Teresa Dovalpage

La Gude said...

A todos, gracias por sus palabras.
A Teresa, la ultima, me alegro si te ayudo a reconocerte y a reconciliarte contigo misma.

Anonymous said...

Vivian, muy lindo y sincero lo de tu padre. Yo perdi a mi mamá hace 8 meses y a mi padre hace 9 años y me siento completamente huérfana.

Hoy descubri tu blog y te invito al mio

www.ichaso.blogspot.com

Un abrazo
Mari Rodriguez Ichaso

David said...

Vivian querida,

no sabía nada de esto, tal vez porque mi historia contigo empieza apenas años atrás en Miami, desde aquél primer superclic que hicimos en aquella cena en Lincoln Road, y nuestras conversaciones han sido siempre de Suecia para acá. Pero te abrazo con el cariño sincero de alguien que se siente honrado por tu amistad, y por tu presencia.