4/12/08

HISTORIA DE DOS PLAZAS

Me estaban terminando de maquillar cuando una de las asistentas entró corriendo en el camerino y soltó: “¡Empezaron a construir el muro!”.
Era el 13 de agosto de 1961 y yo estaba en los estudios de cine de Babelsberg, en Potsdam, en el territorio de Alemania del Este, casi en la frontera con Berlin Occidental.
No sabía yo, una actricita de 18 años que se estaba preparando para una prueba de cine, que estaba ante un momento histórico de trágicas repercusiones para el pueblo alemán.
Desde ese momento el acceso a Babelsberg desde Berlin Oriental se hizo posible tan sólo por medio de un tren que, en dos horas, circunvalaba Berlin Occidental (antes la trayectoria había tomados apenas una hora).
A partir de ahí se crearon Checkpoint Charlie, la estación de tren Friedrichstrasse, los miles de familiares -novios, esposos, hijos, padres- separados tan sólo por una cuadra, que se comunicaban a gritos de balcón a balcón, el Checkpoint Alpha, un subterráneo partido por puntos de control, las estaciones fantasmas....
Yo no me dí cuenta de nada. Mi mente estaba en una “revolución triunfante” que había arrastrado a la mayoría de los jóvenes cubanos de mi generación.

Ese mismo verano me encontré ante la Plaza Roja, en Moscú.
Apenas unos meses antes habían inflamado la imaginación de esos mismos jóvenes con sueños de justicia social, de solidaridad, de pertenencia
La pertenencia, ese tema repetitivo de los anuncios de Coca-Cola.
Con la frasecita “La tierra será el paraíso bello de la humanidad...” me encontré de repente ante la Plaza Roja y creí encontrarme ante las puertas mismas del paraíso. No sé si lloré de la emoción, pero igual podría haberlo hecho. Las momias de Stalin y Lenin, que por entonces se encontraban ambas en el Mausoleo, realmente me sobrecogieron. Y no sólo porque se veían amarillentas y como iluminadas desde el interior.




Con la actriz cubana Rita Limonta y el actor croata Zvonko Zmacek en Moscú, 1961, para el Festival Internacional de Cine de ese año


Años después viví en Berlin y trabajé un tiempo en una tienda por departamentos que se llamaba Das Zentrum Warrenhaus (creo que hoy es Galeria), en la céntrica plaza Alexander Platz. Desde sus vidrieras veía todos los días, distante, la Puerta de Brandemburgo, gloriosa con su carruaje y sus caballos, lastimosamente tapiada. Era una puerta que no llevaba a ninguna parte.



Para que nadie olvidara la guerra y para que su destrozo fuera recordatorio cotidiano, se habían dejado en pie múltiples edificios en ruinas, constancia de los bombardeos.
Alexander Platz, la plaza más importante de Berlin Oriental, era una plaza gris y lastimera, recordatorio cotidiano a los pobladores de la ciudad de que no había escapatoria. De que cualquier intento por saltar el muro podía terminar en la boca de aquellos enormes perros pastores que alguna vez vi sobre los andenes del tren a Babelsberg. Erguidos sobre sus patas traseras, eran tan altos como los altísimos guardias que los llevaban. Confrontados en desafío, aun con bozal, inspiraban terror.


Diecisiete años después regresé a la Plaza Roja. Como ciudadana sueca y con los espejismos deshechos desde hacía rato.
Como a Stalin ya lo habían tirado al basurero de la historia, la única momia que quedaba era la de Lenin, pero ya no entré a verla.
Dicen que el custodio de Lenin tiene dificultades para obtener medios para conservarla. Mejor; que se pudra de a poquito.
Fue melancólico. Como volver a ver después de muchos años a aquel amante por el que casi morimos y darnos cuenta de que no sentimos nada. O peor, no entender cómo pudimos sentir lo que sentimos en aquel entonces. Eso es veneno para el alma.


La Plaza Roja hoy



Foto personal


El amor filial y las ansias de libertad -que es hacer lo que a uno le de la gana y cuando le de la gana- pudieron más que todos los muros del mundo. El Muro de Berlín cayó en noviembre de 1989 tras la concentración de más de un millón de personas en Alexander Platz, el símbolo de la humillación, la ignominia y la represión del pueblo alemán de los territorios del Este.
La Puerta de Brandemburgo se abrió finalmente en diciembre 23.

Alexander Platz, hoy









Fotos de Dagmar Monett


Mientras trabajaba en Das Zentrum Warremhaus soñé más de una vez con que esa puerta se abriera, que se derrumbara la pared para reunir a los seres queridos separados, para darle paso a las aspiraciones de los jóvenes, para que soplaran libres los vientos del espíritu indomable de los seres humanos.
Hoy me muero por volver a verla.


Foto: Fickr.com/Hispania
Puerta de Brandemburgo hoy

6 comments:

GeNeRaCiOn AsErE said...

hola Vivian, excelente post sobre como el totalitarismo nos apresa la esperanza,
he viajado de salto en salto por aquellas décadas... no se me olvida aquello de que la puerta de Brandemburgo ‘ tapiada’ te llevaba a ninguna parte… es la misma sensación que sentíamos nosotros al mirar a ese horizonte sentados en el malecón de la Habana… contando los días de un presente continuo (…) que ni aun hoy acaba.
Cuando uno aprende a escaparse hacia adentro, no termina de hacerlo jamás, y eso también es parte de lo que nos pasa, porque a veces el ‘miedo’ en lugar de hacernos pequeños nos agranda y uno se da la libertad de ‘viajar’ a todas partes a aunque legalmente vayas a ningún lado… porque las “cosas también cambian de color” cuando el único remedio que nos queda es la escapada.


saludos, tny.

La Gude said...

Tony:
Con personas como tú, que son tan acertadas en la expresión como tú, voy interiorizando el camino espiritual de los que inieron después de mí.
Gracias por tu comentraio.

Belkis Cuza-Malé said...

!Cuanto dolor, cuanta gente dañada para siempre por los manipuladores!

La libertad no tiene puertas, como no la tiene el alma.

Muy bueno yu blog y todo esto que escribes, Vivian.

Gracias y bendiciones,
Belkis
www.belkiscuzamale.blogspot.com

Aguaya Berlín said...

La experiencia de haber vivido la construcción del muro es única, y de más tarde haber visto su caída, inigualable. Cuántas anécdotas y experiencias, Vivian! Porque allá en Cuba nos decían una cosa, pero la realidad era otra, y eran más las que nos ocultaban a todos...

Trato de ponerme en su lugar paseando por la Plaza Roja años después... oyendo gritar de una calle a otra a familiares tratando de entrar en contacto en el Berlín dividido... en medio de los millones de personas en Alexander Platz ayer y paseando por esa plaza hoy... qué emocionante todo! qué doloroso muchas veces!

"Como volver a ver después de muchos años a aquel amante por el que casi morimos y darnos cuenta de que no sentimos nada". Ah, lo he experimentado... y créame, me puedo poner mejor en su lugar...

Gracias Vivian, por posts como éste!!!!

Saludos desde Berlín,
AB

Eufrates del Valle said...

Querida Vivian, que post mas importante nos has regalado, hilvando la historia de una sociedad represora a traves de tus vivencias, tu, que sin proponertelo, fuiste protagonista de tantas puertas tapiadas. Gracias!

Anonymous said...

Excelente blog, es la primera vez que netro, gracias Vivian. Grosse Tête.